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ENTRE LÍNEAS

Guardan raíles, pierden vidas

Guardan raíles, pierden vidas <p>

Aparentemente, protegen y dan seguridad a la conducción en carretera. A simple vista, su aspecto es neutro e inofensivo. Hasta su nombre, guardarraíl, refleja una imagen de confianza y salvaguarda. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que podríamos tornar el término y transformarlo en una expresión que sí mostraría de forma empírica su función: pierdevidas. Sin aportar cifras exactas, ya que nunca he considerado apropiado reducir una vida humana a un simple número, sólo basta decir que son muchos los surcadores del asfalto sobre dos ruedas los que han fallecido o han sufrido lesiones graves al impactar contra estos asesinos de metal. Sin olvidar a los familiares y amigos de los afectados que sufren, embargados por la impotencia, las envestidas del guardarraíl.

¿Cuántas más víctimas son necesarias para que las autoridades tomen cartas en el asunto? Parece evidente que quienes copan la esfera de nuestro país, andan más preocupados por llenar de votos sus urnas que por controlar las urnas nutridas de cenizas procedentes de los accidentados en la carretera.   No es preciso llevar a cabo una transformación radical ni elimar los guardarraíles. Sólo es necesario un cambio en la estructura que, por muy costoso que pudiera resultar, no se aproxima ni lo más mínimo al incalculable valor de una vida.

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