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ENTRE LÍNEAS

LONDRES: Un puente entre culturas

LONDRES: Un puente entre culturas

Caminar por Londres es pasear por diversas ciudades que se agolpan en un mismo espacio, variopintas culturas que confluyen en este punto del Reino Unido, un lugar donde el color de la piel o la vestimenta se torna baladí. Cada uno es aquí uno más, con sus peculiaridades, pero uno más. Pasar inadvertido en un lugar ajeno no es sino un síntoma inequívoco de respeto e integración, símbolos de una sociedad avanzada en la que decimos encontrarnos. Y bien sabemos que no siempre este término se emplea con propiedad.

Colosales edificios muestran la majestuosidad de una ciudad que ha sabido mantener intactas sus raíces a la par que ha comprendido que las nuevas semillas otorgan aún más grandeza a su futuro. La perenne oscuridad del cielo londinense no perturba ni un ápice la belleza innata del imponente London Bridge, un puente que parece unir con su luz el espacio y el tiempo en un mismo punto. La puntualidad inglesa tiene su reflejo en las gigantescas agujas del reloj del Big Ben, siempre vigilado de reojo por London Eye, cuyos leves movimientos circulares no cesan nunca y marcan el ritmo de los viandantes al desplazarse por la ciudad. En Westminster Abbey el tiempo se encuentra detenido en el momento en que muchos años de minucioso trabajo llegaron a su fin.

Resulta muy llamativo el silencio que envuelve a la gran cantidad de gente que se agolpa en los eternos mercados londinenses, una multitud silenciosa que produce una extraña calma en un contexto que habitualmente resulta estresante. Los puestos muestran al público todo aquello que uno pudiera pensar que se compra y se vende: antigüedades de incalculable valor, curiosidades jamás vistas antes, ropas con personalidad única, a estrenar o previamente usadas, comidas para todo tipo de paladares, aromas procedentes de cualquier rincón de la tierra.

Hyde Park abre un espacio al placer de los pulmones y una ventana al pasear de nuestra imaginación. Como inmersos en un cuento nos adentramos en sus extensas praderas de íntenso verde, signo de vida. Las ardillas corretean en busca del premio de los turistas a cambio de su sonrisa, dificilmente evitable. Un espacio libre que por un momento parece no encontrarse en el interior de una gran ciudad. Libertad también para las palabras, para las quejas, enmarcadas en el elocuente Speaker Corner.

Lujo y luminosidad abrazan al centro de la ciudad. Trafalgar Square parece renovarse a cada instante como el agua que fluye de forma constante de sus fuentes. La noche parece serlo menos en Piccadily Circus, un rincón de brillo y color que despierta el ánimo y hace gritar a nuestras pupilas. Ríos de cerveza corren por el interior los pubs, donde entonamos un brindis por estar aquí y en cualquier parte, en un punto de muchas miras, sumergidos en un paseo por el mundo.

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1 comentario

Victor -

Que ganas tengo de conocer esta mini New York europea.......
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