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El del medio de los dichos

La sabia Wikipedia define así Relaciones Públicas: “Se llama relaciones públicas (RR.PP.) a la disciplina encargada de gestionar la comunicación entre una organización y un mapa de públicos clave para construir, administrar y mantener su imagen positiva”. Suena realmente bien, ¿eh? Ahora, intenta explicárselo así a tu madre…¿difícil? Pues sí, y tanto. Hace tiempo que se intenta definir con palabras terrenales esto a lo que nos dedicamos, pero es complicado.
Podríamos decir que somos “el del medio de los dichos”. Seguro que así lo hubiera titulado Estopa si fuera una canción. Sí, estamos en medio de todo lo que se dice, de lo que se dice en la Administración, de lo que se publica en los medios de comunicación, de lo que indican las empresas, las asociaciones o cualquier organismo. Ahí nos encontramos intentando poner orden a ese auténtico caos que en muchas ocasiones es la información.
Es fundamental en esta profesión tener amplios conocimientos de magia. Sí, y magia de la buena. Hay que convertir todo aquello que pasa por nuestras manos en noticia. Un zapato…Bualá…una columna. Un conejo…bualá…un reportaje en un dominical. Esta magia es efectiva cuando los zapatos son atractivos y los conejos novedosos, pero no siempre es así. Entonces el zapato se queda en zapato y nada más. Y esto no es siempre fácil de explicar y hacer entender a su dueño. Nada fácil.
Somos esclavos de la ausencia de tiempo. Todo es para ayer y hoy ya es tarde. No hay tiempo para pensar pero son necesarias grandes ideas. No hay tiempo para analizar pero son precisas excelsas investigaciones. No hay lugar para la reflexión pero se exigen creatividades inéditas.
Y trabajamos a la sombra. Las palabras de un directivo en TV salieron de una de nuestras plumas, el artículo de opinión firmado por el alto ejecutivo fue creación de un Relaciones Públicas, las noticias del redactor del diario más leído utilizaron como fuente la nota de prensa cocinada en nuestras agencias. Nuestro nombre no aparece en ningún sitio, pero nuestro sello se extiende por muchos lugares.
En un mismo día se alternan momentos de estrés y gratificación, de calma y desesperación, de control y desenfreno, de lucidez y espesura…un trabajo de locos para vivir con cordura.
Entrevista de trabajo en tiempos de crisis

Entrevistador: Buenas. Soy Sebastián. Encantado.
Candidato: Hola. Pedro, igualmente.
E: ¿Qué tal? ¿Has encontrado bien el sitio?
C: Sí sí, sin problema (Después de 1, 5 horas de metro, 10 minutos andando, preguntar a 4 personas y fumarme 3 pitis antes de entrar).
E: Parece que ya empieza a hacer frío, tenemos ya el invierno aquí.
C: Sí, ya empieza a refrescar.
E: Bueno, he visto en su CV que está Licenciado en Dirección y Administración de Empresas y tiene un Máster en gestión financiera. Has estado trabajando 4 años en el departamento de ventas de una multinacional. ¿Por qué dejó su empleo?
C: (Estaba hasta los cojones) Bueno, estaba muy a gusto en la empresa y poco a poco fui adquiriendo responsabilidades (de hacer fotocopias pasé a lameculos). Pero creí que era un buen momento para realizar un cambio y emprender retos nuevos.
E: ¿Por qué se ha decantado por nuestra compañía?
C: (Es la única puta oferta de la que me han llamado en los últimos 4 meses). Bueno, sin duda considero que se trata de una compañía reconocida y líder en el sector, con proyección internacional. Su cartera de clientes es ejemplar y creo que es un lugar ideal para crecer profesionalmente.
E: Como habrás visto en nuestra oferta, el puesto al que optas estaría dentro del departamento comercial de Saneamientos Arco. Bajo la supervisión de nuestra jefa de ventas, se encargará de ampliar el número de clientes y fidelizar a los ya existentes. De lunes a viernes, de 9 a 19:00 horas.
C: Sí, justo así lo indicaba la oferta. (O sea, comerme los marrones de la jefa y de 9 a 21:00)
E: Aunque la gran parte de tu trabajo se realizará a nivel nacional, también tendrás colaboraciones con nuestras oficinas en Francia e Inglaterra. ¿Qué tal de idiomas?
C: (Manejo el traductor de Google de puta madre) Bien, bien. Me defiendo bastante bien con el inglés y tengo nociones básicas de francés.
E: En la oferta indicábamos inglés bilingüe y conocimientos avanzados de francés.
C: (Ya la estamos cagando) Bilingüe no puedo decir que sea, pero ya le digo que he trabajado también para compañías internacionales sin problema.
E: No se preocupe, le haremos una prueba más adelante si supera la primera fase de selección.
C: (qué buen rollo) De acuerdo.
E: Dígame, ¿cuáles son sus expectativas salariales?
C: (jaja…será cabrón, esto es una preguntar retórica, no?) Pues en mi trabajo anterior estaba en 25.000 Brutos al año (realmente no llegaba ni a 20.000) A partir de ahí, sería una buena cantidad.
E: Bueno, como sabes, la época que vivimos nos ha hecho ajustarnos a las condiciones del mercado. Aunque la cifra final de la valía del candidato, inicialmente contamos con una partida de 12.000 Bruto al año. ¿Qué le parece?
C: (Vamos no me jodas…si con eso no tengo ni para el abono y el papeo). Bueno, sinceramente, creía que la cifra sería superior.
E: Me sorprende su respuesta. Se trata de una buena oportunidad. Si está interesado, es lo que hay.
C: (Interesado sí estoy, en partirte la cara) Tendría que pensarlo.
E: De todas formas, ya le digo que esta es solo la fase inicial del proceso de selección. Tenemos que entrevistar a otros candidatos.
C: Creo que lamentándolo mucho, tendré que declinar su oferta.
E: ¿Está seguro? ¿Tiene a la vista alguna oferta mejor?
C: (Peor creo que sería imposible) Sí, hay otra empresa interesada en hacerse con mis servicios.
E: Si no es indiscreción, ¿le importaría indicarme cuál?
C: (Tú puta madre). Se trata de una empresa que también lo está pasando mal en estos tiempos de crisis. Se llama Dignidad S.L. El sueldo es nulo pero pagan en tickets de cabeza alta y respeto a las personas.
E: No la conozco.
C: Lo sé, ni Ud. ni nadie en este país.
E: Le deseo suerte.
C: (Qué te den). Gracias.
Ojos abiertos de BAR en BAR
Cañas frías con sonrisas por tapa,
ningún detalle al paladar escapa.
Confidencias servidas en bandeja,
cualquier pena tras el trago se aleja.
Sincera conversación horneada a fuego lento,
las palabras queman por dentro,
intentos fallidos de enfriar con un soplido,
sin darnos cuenta el tiempo se ha ido.
Botellas inundadas de sueños,
Copas repletas de olvidos,
Dulces chupitos de futuros sin dueños.
Sorbos de amargos recuerdos vividos.
Ojos abiertos de bar en bar,
Vivir la vida pegada a la barra,
Escribir el menú de mis deseos en la pizarra,
Pedir la ronda del nunca acabar,
La última y nos vamos…a otro bar.
Atrapados en la red
Que resulta que ahora nos regalan un Book por la Face, con edad entre Tuenti o ninety. Nos hemos vuelto grafiteros en Internet, nos pasamos el día pintando muros y, oye, tal gusto le hemos cogido, que hasta nos gusta que nos pinten también el nuestro. Y ahí acudimos cada mañana ansiosos para verlo. Como productos de supermercardo nos etiquetan, sí. María te ha etiquetado en 2 fotos: los medallones de merluza, 4 €. Sin etiqueta, el producto no se vende. Sin la nuestra, no tenemos vida social, carecemos de amigos, somos seres aislados. Somos funs del pico pala, de los calcetines de rayas, de explotar pompas de plástico, de leer el periódico en el baño. Pertecemos a 3 millones y medio de grupos. Si no, no se es nadie. El grupo de la última y nos vamos, de aquellos maravillosos años en que me metía de cuerpo entero en el bote de nocilla, de parece que se ha quedado buena tarde... Conozco a 200 personas en el mundo pero tengo 500 amigos....y 100 solicitudes y 200 sugerencias...Hay que ver qué estrés, no doy a basto a proponer "a ver cuando nos vemos", "pues sí, tenemos que quedar", "la próxima vez me apunto fijo"...Aquí mis amigos saben a golpe de click más de mí que yo mismo, los libros que leo y los que odio, el color de mi ropa interior, mi aversión al melón caliente, mi afición a la cerveza fría...Y sin preguntar. Ni que decir tiene que este artículo está tardando en anunciarse en mi tablón, con dos chinchetas digitales. Y bueno, si dices que te gusta que Marcos se está cortando las uñas y que Luis está pensando en verde...ya te vale si no le das a me gusta este articulillo. No fuerces, que te denuncio el perfil. Y entonces estarás perdido, log out, vamos.
Placer efímero, nostalgia infinita

En compañía o en soledad,
necesario como el agua en el desierto;
independientemente de la cartera o la edad,
imprescindible como sentirse despierto.
Un impás que nos hace desconectar,
olvidar los malos momentos,
imaginar lo que está por llegar,
pasear por nuestros pensamientos.
Plasmar una huella en la arena del mar,
contemplar su figura bajo el sol brillar;
no hay tiempo para en ella la vista recrear,
el vaivén de la marea ya la empieza a borrar.
Con idéntica premura se esfuma el periodo vacacional,
ese espacio de tiempo que nos mueve y nos motiva;
el objetivo de todo nuestro esfuerzo anual,
el momento que a madrugar nos incentiva.
Sin apenas tiempo para meditar,
invadidos por la nostalgia
la rutina nos vuelve a atrapar,
pero nuevas metas portan ahora la magia,
la magia de disfrutar,
gozar el corto plazo,
Sentir ahora tú cálido abrazo.
Un día más o un día menos
Al alba de los pensamientos,
los ojos despiertan en busca de plenitud;
nacen dudas, crecen tormentos,
la habitación se inunda de rayos de inquietud;
haces de luz que provienen del exterior,
sin preguntar entran cual ser superior.
Brisas de exigencias, propias y ajenas,
ráfagas de hastío, de calor y frío,
vientos de sombras, inquietas y serenas,
huracanes de silencio, tan lleno y a la vez vacío;
es temprano en la mañana,
todo se agolpa en la ventana.
Un día más o quizá un día menos,
lo que pienso o lo que probablemente digo,
indistintamente sin control de los frenos,
junto a ti o tal vez contigo;
sonrisas para un día oscuro,
de eso sí estoy totalmente seguro.
Trepatéticos

Aunque su presencia se extiende por todos los ámbitos y fases de la vida, es en el mundo laboral donde adquieren un mayor protagonismo. Ahí llegan con aires de prepotencia y vientos de superioridad. Su perfil es variopinto pero su sello es inconfundible. Su aparente e inicial simpatía conlleva una entrada triunfal en la compañía. Pero a medida que se les conoce, van dejando entrever su fondo egoísta y lleno de ambición. Sonríen cuando interesa, critican cuando se tercia. Son los que más y mejor trabajan. Todo lo hacen ellos. Están sobradamente capacitados, más que el resto. Expertos en felaciones y dechados de cunilingus. No hay nada que se interponga en su camino. Una amistad supone una traba en su ascenso. Un acto de humildad es una flaqueza en su imparable andadura. Apuntarse tantos, propios y fundamentalmente ajenos, es el pan de cada día. Yo hago, yo digo, yo gestiono. Yo, yo, yo. Él se equivoca. Yo me encargo. A veces comprueban que a su alrededor fluyen sonrisas, confidencias, buen rollo. Se preguntan por qué no están enterados del chiste que tanta gracia hace y por qué la gente hace planes si contar ellos. Y tienen una autorespuesta clara: la envidia. Nadie tiene un nivel suficiente para mantener una conversación con ellos (ni ganas). En casa, su familia sube el volumen de la televisión cuando llega el momento de escuchar su fructífero y grandioso día. Ahí están, solos con su orgullo y sus promociones internas. Trepas les llaman. Patéticos les tildo. Mis expectativas no están exentas de ambición ni de crecimiento, pero serán única y expresamente basadas en apoyos en hombros no en pisadas de cabezas.
POLITICARNAVAL

Si se fijan un poco, pueden comprobar la confluencia en estas fechas de dos acontecimientos totalmente diferentes pero a la vez muy semejantes: carnaval y periodo electoral. A veces cuesta distinguir cual es cual. Ambos tienen como elemento central el disfraz. Correcto. Los políticos se disfrazan estos días de promesas, de soluciones, de seguridad y prosperidad, incluso algunos osan enfundarse el delicado traje de la definitiva paz. Todos cubren su rostro con la máscara de la sonrisa eterna. Además de las baratas. De esas que podemos comprar en cualquier tienda de todo a 100. Pero, sin duda, el disfraz estrella es uno que destaca por encima de los demás porque parece perfecto y elaborado con minuciosidad. De hecho, irradia extrema elegancia y personalidad. Está confeccionado por la diseñadora hipocresía y pertenece a la colección única de la falsedad. Modelos selectos desfilan con él en la pasarela mítines con esbelta naturalidad. Por si había alguna duda, me refiero al disfraz de candidato a la presidencia. Llegaremos entonces al momento cumbre: el certamen o las elecciones. Y he aquí la diferencia entre los dos periodos comparados. El carnaval termina con el final del certamen, mientras que el disfraz político se mantendrá antes, durante y después de las elecciones. Ya me contarán.
Guardan raíles, pierden vidas

Aparentemente, protegen y dan seguridad a la conducción en carretera. A simple vista, su aspecto es neutro e inofensivo. Hasta su nombre, guardarraíl, refleja una imagen de confianza y salvaguarda. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que podríamos tornar el término y transformarlo en una expresión que sí mostraría de forma empírica su función: pierdevidas. Sin aportar cifras exactas, ya que nunca he considerado apropiado reducir una vida humana a un simple número, sólo basta decir que son muchos los surcadores del asfalto sobre dos ruedas los que han fallecido o han sufrido lesiones graves al impactar contra estos asesinos de metal. Sin olvidar a los familiares y amigos de los afectados que sufren, embargados por la impotencia, las envestidas del guardarraíl.
¿Cuántas más víctimas son necesarias para que las autoridades tomen cartas en el asunto? Parece evidente que quienes copan la esfera de nuestro país, andan más preocupados por llenar de votos sus urnas que por controlar las urnas nutridas de cenizas procedentes de los accidentados en la carretera. No es preciso llevar a cabo una transformación radical ni elimar los guardarraíles. Sólo es necesario un cambio en la estructura que, por muy costoso que pudiera resultar, no se aproxima ni lo más mínimo al incalculable valor de una vida.
ELLA

Ella clavó su mirada en mis pupilas y tambores resonaron vivazmente en el interior de mi corazón. Ella me susurró al oído y el oxígeno se ausentó al instante de mis pulmones. Ella besó mis labios y mi paladar estalló de alegría al reconocer que ésta era la miel que ardientemente anhelaba. Ella rozó con suavidad mi piel y mis extremidades quedaron paralizadas ante el tacto de un ser divino. Ella bajó del firmamento y se encontró conmigo; yo con ella me encontré y al cielo subitamente ascendí. Ella convirtió en realidad mis sueños y en un sueño mi realidad transformó. Ella me embriagó con el elixir de su alma e irremediablemente me enganché a su dicotomía de explosión y calma. Ella esboza sonrisas en mi cara cada mañana y dibuja manantiales de donde una inagotable felicidad emana...
MarionETAs

En eso nos hemos convertido, en "marionETAs" manejadas de forma arbitraria por los hilos del terror impuesto por una banda de descerebrados que manifiestan sus frustraciones arrebatando la felicidad de los demás, coartando nuestro derecho a la libertad, maniatando nuestras opiniones y difuminando el miedo por todos los rincones sin dejar espacio a la más mínima oquedad libre. Sus palabras son puñaladas por la espalda, sus pensamientos balazos mortales, sus expresiones bombas aterradoras que paralizan alientos y destrozan corazones...Inundaciones de humo son su seña de identidad, un humo que torna negro y desolado todo cuanto a su alrededor se sitúa. Ningún fin justifica estos medios. Con estos medios no llegarán a su fín. Democracia y terrorismo son dos pasajeros que no pueden viajar en un mismo tren. Y el tren en el que queremos desplazarnos por la vida lleva por insignias el respeto y la libertad. Como decía García Márquez en un poema precisamente llamado La marioneta, "si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo...".
Un mundo de contradicciones

Fría soledad entre la multitud, cálida compañía en la intimidad; ideas muertas de mentes vivas, pensamientos inmortales de personas fallecidas; familias rotas por los vicios, hogares unidos buscando entre los últimos resquicios; opulentos delirios al encuentro de la felicidad, rugientes estómagos luchando por cubrir la mera necesidad; palabras sinceras que lastiman, falsedades que ocultan las heridas; planetas sin luz iluminados en el firmamento, humildes estrellas inadvertidas en la oscuridad; espaldas castigadas con las manos vacías, carteras desbordadas sin ninguna carencia sufrida; ojos abiertos ausentes de la realidad exterior, ojos cerrados capaces de observar con nitidez el interior; intelectos sublimes apartados del poder, cabezas huecas manipulando el mundo según su parecer; cálidos corazones que emanan frescura, gélidas almas que recurren a la tortura; lechos puntuales que arden hasta el amanacer, camas matrimoniales congeladas hasta perecer; gritos imperceptibles por el oído, susurros que despiertan todos los sentidos; incontables contrastes en sentimientos y emociones, en un mundo lleno de contradicciones...
La eterna niñez

En determinadas ocasiones la nostalgia nos remonta tiempo atrás, transportándonos a aquella risueña e idílica época de la niñez, ese periodo vital que parece ya tan lejano y que con el paso del tiempo vamos guardando en el desván de nuestros recuerdos como si fuera un trasto obsoleto y anticuado. Las inevitables desavenencias que conlleva de forma inexorable el viaje hacia la madurez son las causantes de este apartamiento paulatino de la infancia. Sin pedir permiso, se introducen en nuestras vidas ineludibles responsabilidades, obligaciones insoslayables, apremiantes tomas de decisiones, necesidades y ambiciones económicas...aspectos que van oscureciendo esa colorida y luminosa aureola que envolvía nuestro universo infantil...donde los problemas no existían, donde el aburrimiento y la monotonía eran seres extraños y desconocidos, donde la amargura únicamente significaba que había que añadir más azúcar, donde jugar era nuestro arduo trabajo diario, donde hasta el más ínfimo matiz de nuestro alrededor nos producía un profundo e intenso sentimiento de admiración... ¿No sería increíble cerrar los ojos y volver a ese mundo de ensueño? Los pequeños impedimentos de la realidad hacen que este retorno no sea factible y, aunque lo fuera, tampoco querríamos obviar los gratas sorpresas que nos va deparando el paso del tiempo, a pesar de que haya que compartirlas con otras menos agradables. Sin embargo, sí tenemos a nuestro alcance la posibilidad de mantener siempre en nuestro interior un hueco donde reir a carcajadas y regalar sonrisas sin la necesidad de un motivo que las impulse, un momento para jugar exentos de horarios y reglas, un lugar para dejar rienda suelta a nuestra más pura e inocente espontaneidad, aquella que no atiende a condicionamientos como el pudor o la vergüenza... y seguir siendo un niño. Quizá muy distinto, pero el mismo niño.
Sin perder de vista el origen

La abstracción absoluta que experimentamos al vivir en la ciudad nos induce en muchas ocasiones a olvidar o simplemente desconocer el origen de muchos de los productos que consumimos diariamente. Muchos de ellos proceden del campo, sí de ese humilde y fructífero espacio que a ojos de la urbe parece ocultarse y desaparecer. Y es que España, por mucho que haya evolucionado en los últimos años, sigue siendo un país eminentemente agrícola. Aunque es obvio que no voy a descubrir nada del otro mundo, sí me gustaría acercaros alguna de las prácticas rudimientarias que los agricultores de nuestro país siguen llevando a cabo a aquellos que nunca habéis tenido la oportunidad de vivirlas en directo. En concreto, me refiero a la recolecta de la aceituna, una labor ancestral que desde niño he practicado en un pequeño pueblo de Extremadura, donde pasé mi infancia.
Aunque la recolecta de olivas, como todos los procesos, ha experimentado una mecanización a través de la introducción de nuevas tecnologías, en este caso la modernización es más lenta, por falta de recursos o tal vez porque muchas personas lo hacen a nivel familiar para obtener algún beneficio extra y no lo plantean como un negocio, considerando además que lo tradicional es lo mejor para la conservación intacta del olivo. Y, en efecto, es así como año tras año mi familia lleva a cabo esta labor. El periodo de la recolecta se desarrolla en pleno invierno, entre noviembre y enero aproximadamente, cuando el fruto alcanza su plena madurez. Los utensilios utilizados son una "vara", un palo de unos dos metros, con el que se golpea al olivo para que caigan las aceitunas sobre los "ropones", unas redes que se colocan debajo como depósito donde se acumulan las aceitunas. No todas las aceitunas aguantan en las ramas hasta el momento de su recogida y caen al suelo antes de tiempo. Éstas, por supuesto, también se recogen...sin ningún misterio, con las manos. Además las caídas prematuramente son las que más y mejor aceite proporcionan después.
Aparentemente el trabajo es sencillo y poco costoso. Podría explicar la dureza que realmente tiene esta labor, pero creo que la respuesta que dió el ciclista Roberto Heras en una entrevista sobre cuál era la parte más dura de su deporte es bastante explícita: "El ciclismo es muy duro, sí, pero nada comparado con lo mal que lo pasaba cuando de niño iba a recoger aceitunas con mi padre". En efecto, se produce un cúmulo de circunstancias adversas: el frío caracterísitico de las fechas que se acentúa en campo abierto, la presencia de piedras en el suelo que dificultan el libre movimiento de las manos, los tirones de espalda al golpear ramas altas...Pero no todo es malo, el aire que se respira es un auténtico regalo para los pulmones, el débil sol invernal se siente más grande y luminoso, la comida al mediodía embriaga súbitamente al hambriento paladar y, sobre todo, te hace recapacitar y valorar que los alimentos y el dinero, no caen del cielo. Disfruta lo que tienes al máximo, pero sin perder de vista el origen.
Récord Guiness a la desigualdad

El pasado mes de octubre se llevó a cabo en los principales países del mundo la mayor movilización de la historia para protestar contra la pobreza, lográndose el Récord Guiness con un total de 23 millones y medio de personas en las calles. Sin duda, se trata de un acto digno de alabanza, una muestra de que cada vez estamos más concienciados del grave problema que sufre una enorme porción de nuestro planeta. No obstante, esta movilización no es sino un mero acto simbólico que carece de resultados empíricos y visibles. Mientras que en el que denominamos primer mundo celebramos brindando con champagne la consecución de este Récord Guiness, olvidamos que cada día se producen múltiples récords en esos lugares que miramos consternados pero distantes, el Guiness al mayor número de horas sin probar bocado, el Guiness a la mayor prolongación de la sed insatisfecha, el Guiness a las peores condiciones higiénicas, el Guiness a la tristeza y la desesperación, el Guiness a la muerte indigna...La intención es la base de las acciones, pero es volátil y efímera, y pierde su sentido si no se transforma en hechos. Actos como esta movilización ponen de manifiesto que intención existe; ahora sólo falta culminar la dificultosa tarea de hacerla efectiva, convirtiendo las pancartas en hogazas de pan, los gritos en chorros de agua potable, las protestas en medicamentos...en definitiva, transformando las buenas proposiciones en auténticas acciones.
Violencia, sinrazón humana

Día tras día, los titulares de los periódicos se nos presentan impresos con sangre por tinta, sangre procedente de inacabables conflictos bélicos, de perennes luchas, de atroces asesinatos... muestra de la violenta atmósfera que rodea nuestro mundo. No es necesario elevar nuestra vista hasta países lejanos para respirarla, su extensión es tan vasta que abarca todos los rincones. Probablemente, en tu misma ciudad, en tu mismo bloque esté haciendo estragos en este instante a través de una machista bofetada o de un grito autoritario. Me gustaría poder apoyar esa idílica a la par que utópica afirmación que en su época esbozó Rosseau: "el hombre es bueno por naturaleza". No obstante y, a pesar de que quisiera encontrar un término medio ya que siempre he sido reacio a los extremos, me decanto por la definición que hizo Hobbes: "el hombre es egoísta por naturaleza, el hombre es un lobo para el hombre". Evidentemente mi perspectiva se asemeja a la del filósofo inglés, pero con matizaciones y sin generalizar. Sí creo que, en efecto, el egoísmo de la raza humana es la raíz de esta sinrazón que constituye la violencia, la consideración del otro como enemigo, la necesidad de tener más que el vecino... Bajo falsas vitolas de luchadores por la conquista de la paz, se postulan países como Estados Unidos, que marcha lejos de sus fronteras para solucionar enfrentamientos ajenos (sin ningún tipo de objetivo económico), mientras en sus propios kioskos se venden pistolas cual piruletas... El futuro se plantea muy oscuro, con una negra puerta cerrada al final...sin embargo, se vislumbra una esperanzadora luz. Una luz proyectada por la cordura, por el diálogo y por el respeto a la vida. Pensemos. Pensemos y empecemos a comportarnos cómo lo que somos, personas con cabeza, y no como lo que parecemos, animales sin corazón.
La dificultad de conservar la amistad

A lo largo de nuestra vida conocemos a infinidad de personas, en múltiples circunstancias, en variadas e insólitas ubicaciones. La gran mayoría pasan inadvertidas, muchas consiguen despertar nuestra atención pero no lo suficiente como para retenerla, otras la captan de un modo efímero y sólo algunas se convierten en lo que venimos a denominar amigos. Y de entre ellas, sólo una reducida minoría logra atrapar nuestra sincera amistad. Esa que a veces es tan complicada de reconocer, que por un lado nos endulza, nos embriaga, nos optimiza; y que, por otro, nos asusta, nos provoca incertidumbre y, en ocasiones, nos amarga. La eterna dificultad no es tanto encontrar algo sino mantenerlo. Ahí radica el motor que la impulsa. Es extremadamente sencillo ensalzar el sentimiento cuando se comparte una lluvia de sonrisas enmarcadas bajo el inconfudible son de dos copas al brindar, cuando el problema de mayores dimensiones es a qué local nocturno acudir, cuando el consejo más complejo que se nos requiere es si tomar la iniciativa ante la persona que nos gusta o esperar a que esta dé el primer paso...La auténtica amistad es una temeraria travesía por una cuerda floja, en la que numerosos impedimentos nos empujan a caer al vacío del olvido: la separación por la distancia, la falta de entendimiento, el amor, el desamor, la envidia, el dinero, la política...aspectos que se quedan en frágiles e insignificantes caricias que no perturban nuestro paso firme cuando la amistad es verdadera, cuando es hoy y será mañana como al principio era.
La auténtica curva de la felicidad

No es, efectivamente, la curva dibujada en los hombres tras la ingesta continuada de cerveza en combinación con suculentas tapitas, a la que me refiero en estas líneas. Tampoco me ha impulsado a escribirlas el reciente embarazo de Letizia Ortiz, aunque también podría encontrarse entre los oídos a los que susurro estas palabras. Mi inspiración procede de la mujer en general, como creadora de vida, y de dos compañeras en particular, que han comenzado la bella andadura por los pasillos que conducen a la luz vital. Dos amigas distintas, con perspectivas dispares, a las que el destino o la mera casualidad, ha unido casi al mismo tiempo en una idéntica aventura. El milagro de portar en su interior un armónico grupo musical, cuyos instrumentos son dos corazones latiendo a la par, uno mayor con tonos más graves, otro de menores dimensiones con matices más agudos, que al fundirse tocan una inconfundible melodía, la canción de la vida. Cada día, durante los próximos nueve meses, deleitarán a su público en el teatro del vientre maternal, hasta que el dúo, en conjunto, deje de entonar. Será entonces cuando un nuevo o nueva solista inicie una carrera en solitario, en la que las partituras en blanco, se irán completando, paulatinamente, con notas de naciente libertad y acordes de ingente felicidad...
Esclavitud en libertad

Tal vez la primera reacción al escuchar la palabra esclavitud aplicada a la sociedad avanzada actual sea la de echarse las manos a la cabeza. Sin embargo, mi percepción de la realidad constata de forma visible la existencia de un tipo de esclavitud contemporánea, distinta a la que llevaban a cabo hace siglos los colonos al conquistar nuevos territorios, pero con tintes semejantes. Me refiero al hombre actual como esclavo de las pautas sociales, esclavo del qué dirán y del que pensarán, esclavo de unos cánones físicos y psicológicos impuestos por una sociedad a través de los medios de comunicación de masas mediante las sutiles y manipuladoras tácticas publicitarias. Aparentemente gozamos de una libertad sin límites, pero pulsamos el botón de la televisión e iluminados por el haz de luz multicolor que nos hipnotiza de forma inconsciente, introducimos en nuestra mente una forma de vestir, un afán por conseguir una figura corporal de extrema delgadez, unos hábitos alimenticios exentos de materia grasa, la idea, a fin de cuentas, de estar a la moda para conseguir con ello la integración en la comunidad y el respeto de los demás... La fuerza personal de cada uno hace que sea distinto el impacto de estas normas mediáticas, pero de forma paulatina se van introduciendo de un modo cada vez más profundo en nuestros maleables y frágiles intelectos.
La grandeza de los pequeños detalles

Un amargo sabor invade nuestro cotidiano paladar cuando el único pensamiento que alberga nuestra mente durante la totalidad de la jornada es que se acabe el día o cuando nuestra única obsesión es alcanzar la consecución a largo plazo de un determinado objetivo. Cuando sólo creemos que a través de estos logros encontramos la felicidad, el día a día se hace muy cuesta arriba. Por este motivo, desde hace tiempo, intento observar la realidad desde otra perspectiva, aquella que tiene un alcance menor y repara en los pequeños detalles que nos regala la cotidianeidad, placeres de una enorme grandeza que frecuentemente pasan inadvertidos y que, sin embargo, constituyen auténticos momentos de felicidad. El embriagador aroma del café recién horneado en la mañana, la inocente carcajada de un niño jugando en la calle, despertarse antes de la hora prevista y retomar el sueño de forma profunda, la gracia de un mal chiste contado en un buen momento, degustar una cerveza helada en buena compañía tras una maratoniana jornada laboral, la brisa acariciando nuestro rostro al dar un paseo al atardecer bajo la luz proyectada por los últimos y leves estertores del sol, la íntima y creativa representación mental que llevamos a cabo al leer un libro en soledad... Son algunos de esos puntuales e irrepetibles pormenores que engrandecen nuestros avatares vitales. La subjetividad innata hace que cada persona goce en momentos de lo más dispar, pero el trasfondo permanece invariable: mirar más cerca pero más profundo, disfrutar aquí y ahora.
Perenne soltería

Nos pasamos la vida en busca del utópico amor eterno, aquel que de forma constante vemos reflejado en las producciones cinematográficas, soñando con encontrar aquella pareja que llene la totalidad de nuestras expectativas y comparta con nosotros al unínoso y armónicamente todas y cada una de las facetas vitales. Pero miras a tu alrededor y comprendes que es realmente eso, una auténtica utopía. Tras pasar por diversas etapas en las que estamos absolutamente convencidos de haber encontrado esa ansiada irrealidad, nos encontramos inmersos en infinitos encuentros nocturnos sumergidos en alcohol que proporcionan una intensa pero efímera felicidad, destellos que iluminan el oscuro cielo que representan nuestras solitarias vidas. La atracción física nos empuja a introducirnos en una espiral de sexo desenfrenado envuelto en ficticios sentimientos. La superficialidad en su pura esencia. El vacío se manifiesta al amanecer, cuando notamos que ese momentáneo ascenso al cielo durante la noche anterior fue tan solo un espejismo. Dulce e intenso, pero un espejismo.
Tiempos de empleo "brecario"
Extenuantes e interminables jornadas de trabajo, ingentes dosis de presión para la consecución de los objetivos marcados, acatamiento mudo de responsabilidades impropias aderezado con el incentivo de ínfimos salarios, en el mejor de los casos, nulos en el peor. Son algunos de los rasgos que caracterizan la precaria vida laboral de los recién titulados universitarios. Tras un lustro de dura explotación a nuestros progenitores, con nuestros sueños puestos en dedicarnos a aquello que siempre hemos deseado y con sus ruegos para que con ello consigamos la independencia económica, lo que alcanzamos, con suerte, es un excepcional cargo de "brecario". El mismo peón de albañil, sin menospreciar tan importante profesión, al que podríamos denominar el joven en prácticas de la construcción por equipararlo al tema que nos ocupa, comienza su carrera profesional, con un sueldo superior incluso al que aspira a conseguir el "brecario" en su siguiente escalón, aquel que además las empresas hacen cada vez más y más complicado de subir: la contratación. Con suerte, quizá caigamos antes de alcanzar ese peldaño causando una enorme preocupación a la compañía, la de elegir cuál de los miles de escaladores que esperan ansiosos sustituirán al caído en el comienzo de la ascensión. No queda otra que, ante tan triste pero cierta situación, mirar con firmeza al frente, respirar hondo y reanudar la escalada esquivando todos los obstáculos que se interpongan en nuestro camino. Algún día la cima será coronada y entonces enarbolaremos con orgullo nuestra bandera empapada en sudor y lágrimas. Algún día.
Despedida Graduación

Hace 5 años nuestros caminos se cruzaron.
Tal vez fue causa del destino
o quizá mera casualidad,
pero eso no es lo más relevante,
lo importante de verdad
es que fue el comienzo de una gran amistad...
Una amistad desinteresada y sincera,
fraguada a fuego lento,
sin límites ni fronteras,
en la que disfrutamos cada momento
como si el último q viviésemos fuera.
Hoy nuestros caminos toman nuevas direcciones
repartidos entre periódicos, radios y televisiones
pero juntos caminarán ya siempre nuestros corazones
porque sin vosotros, mis alegrías, tristezas y emociones
no tendrían ya ni sentimiento ni razones.
Un magnífico porvenir os auguro
porque aunque aún sea incierto nuestro futuro,
hay algo de lo que sí estoy totalmente seguro:
para personas de semejante grandeza
no existen ni barreras ni muros...
La luz

Seis mil millones de personas. Jamás habíamos sido tantos. Aunque mal repartido, nunca había existido tanto conocimiento y tecnología al servicio de las personas. Y sin embargo, nadie tiene la menor idea de cómo estará el mundo ni en un año ni la próxima semana. Somos seis mil millones a tientas hacia el futuro.La oscuridad prolongada crea incertidumbre y desasosiego; por eso los humanos siempre hemos ido buscando luces. Unas son interiores y personales: la seguridad en sí mismo, generada por la auto-estima y la suma de nuestro conocimiento y experiencia. Otras luces las vamos a buscar o nos las implantan desde fuera; son las proyectadas desde las ideologías, los líderes y el conocimiento de todos. Así vamos iluminando nuestro momento y construyendo el caminar. Con nuestra pequeña, personal e intransferible linterna y con los potentes y a veces cegadores focos dirigidos por los poderes de turno. Cuanto más temor y menos luz propia, más necesitamos de la ajena. Es inevitable que el destello de los grandes deje un halo en nuestras entrañables penumbras, pero siendo conscientes de que sólo significa la luz ambiental de cada momento de la vida. El preciso y definitivo resplandor lo iremos haciendo a fuerza de encontrarnos a veces en la más absoluta oscuridad. Y es en esa suma de nuestras tinieblas, equivocaciones y frustraciones y aciertos donde radica nuestra mayor fuerza: la luz de nuestra de nuestra propia vida.

